Jonathan Jacob Bar Shuali recibe una beca de investigación del American Revolution Institute apoyado por el Queen Sofía Spanish Institute
El historiador Jonathan Jacobo Bar Shuali durante su estancia de investigación en el American Revolution Institute analizó la presencia y representación de los judíos sefardíes en los ejércitos de las Trece Colonias durante la Revolución Americana, destacando su papel en las relaciones diplomáticas con la Monarquía Hispánica.
Crónica personal de su experiencia de investigación:
Cerca de “Dupont Circle”, en pleno Washington D. C., reluce un edificio blanco que destaca por sus columnas y fachada de estilo neoclásico. Coronado por una bandera estadounidense, y otra francesa, el patio frontal permanece constantemente vigilado por una solemne estatua del general George Washington. Al cruzar el jardín y tras acceder al hall principal, uno ya empieza a percibir un fabuloso entorno donde la historia y la cultura son el motivo principal de aquel lugar. Repleto de viejos retratos, tambores y pífanos, bustos y águilas americanas, blasones y placas conmemorativas… recuerda a un santuario para aquellos que sacrificaron sus vidas en la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos, o como la llaman allí: “la Revolución americana”. El edificio en cuestión es el prestigioso American Revolution Institute.
Gracias al esfuerzo y ayuda del Queen Sofía Spanish Institute (Nueva York) y de la Academia de las Ciencias y las Artes Militares (Madrid) pude desarrollar en ese maravilloso lugar una estancia de dos semanas donde he estado trabajando en el proyecto Combatiendo el antisemitismo en la historia militar. La narrativa racial del judío como ciudadano-soldado, desde la Revolución americana hasta principios del siglo XX. Esta investigación buscaba comprender en profundidad la presencia judía en los ejércitos europeos y estadounidenses a finales del siglo XVIII y cómo la sociedad que los rodeaba retrató esta experiencia en los años y generaciones posteriores.
Como una de las instituciones más importantes especializadas en historia del siglo XVIII en los Estados Unidos, el American Revolution Institute cuenta con un archivo y biblioteca ejemplares donde los pasillos repletos de libros parecen casi interminables. En mi investigación original me propuse cinco puntos de partida que se podrían resumir en: (1) localizar y analizar las narrativas históricas del “judío combatiente” en su carrera por la ciudadanía, (2) estudiar los discursos antijudíos y antisemitas promovidos por autores de la segunda mitad del siglo XIX, (3) encontrar y clasificar por cronologías a los autores judíos que trataron de combatir estos argumentos antisemitas, (4) determinar qué peso tenían las comunidades judías en el Ejército Continental bajo el mando de George Washington y (5) averiguar si aún existía algún tipo de conexión entre los nuevos ciudadanos judíos de los Estados Unidos de América y la vieja Monarquía Hispánica.
Aunque, como era de esperar, acabé buceando por otros muchos temas de mi interés como lo son el Caribe, las guerras napoleónicas, la historia de la medicina militar o los relatos de las expediciones francesas en el nuevo continente, pues el American Revolution Institute da para muchos temas y sus colecciones son muy variadas.
En lo que respecta a mi trabajo, creo que puede ser muy interesante destacar algunas de las conclusiones que he obtenido del estudio de estos nuevos ciudadanos judíos norteamericanos y su relación con la Monarquía española.
A pesar de la expulsión de los habitantes judíos de la península ibérica en el siglo XV, la relación y las redes entre los españoles y los judíos sefardíes seguían vigentes en el contexto de la Revolución americana, por ejemplo, mediante el suministro de armas, materias primas y barcos a través de agentes franceses.
Existe también una curiosa coincidencia en la visión que los españoles y estadounidenses tenían de los judíos. Ni unos ni los otros tuvieron muchas oportunidades de conocer a “los hijos de Israel” en persona. Al final del período revolucionario, las comunidades judías nunca superaron los 3.000 fieles en Norteamérica, y el país contaba con más de 3.000.000 de personas según el primer censo estadounidense de 1790. En España, en cambio, la población judía era inexistente. Si bien los primeros aún podían tropezar con algún “Cohen”, “Levy”, “Jacob” o “Abraham”…, en España no era lo común. Si uno “ata hilos”, podrá observar que a ambos lados del Atlántico la visión que se tenía sobre esta etnia era imaginada, fundamentada en el desconocimiento y la ignorancia.
Por otro lado, la mayoría de los judíos estadounidenses provenían originalmente de comunidades judeo-inglesas de ascendencia española y portuguesa. En este sentido, conservaron sus lenguas tradicionales y litúrgicas. Para estos individuos comprender el idioma de una de las monarquías más importantes del mundo, la española, fue muy útil para el comercio y el establecimiento de redes internacionales, ofreciendo así un soporte indispensable a la causa de las Trece Colonias.
En esta línea destaca el caso de Haym Salomon. Siendo un activo muy cercano al general Washington, estableció acuerdos con Francisco Rendón, representante de Carlos III, durante y después de sus servicios para el Congreso Continental. Otro individuo de lo más interesante es el oficial judío David S. Franks, antiguo ayudante de campo de Benedict Arnold. Franks sirvió como correo durante las negociaciones hispano-norteamericanas. Un historiador washingtoniano afirmó casi un siglo después que su conducta fue ejemplar en “Francia y España […] [donde] parece haberse ganado la consideración particular del conde de Floridablanca”.
Carta enviada por el oficial judío Solomon Bush al Consejo Ejecutivo Supremo del Estado de Pensilvania en 1781, solicitando la resolución de asuntos financieros. Biblioteca del American Revolution Institute.
Se puede decir entonces que, de algún modo, los judíos sefardíes fueron una pieza esencial en el curso de las relaciones entre la Monarquía Hispánica y los rebeldes norteamericanos, aunque este hecho haya pasado un tanto desapercibido. Estos son solo algunos de los casos que se pueden encontrar entre los libros conservados en el American Revolution Institute, y espero desarrollar próximamente un trabajo en torno a estos “héroes de la independencia” estadounidense.
No puedo terminar este texto sin agradecer nuevamente el apoyo del American Revolution Institute, el Queen Sofía Spanish Institute y la Academia de las Ciencias y las Artes Militares, pues más de doscientos años después siguen manteniendo viva la alianza entre americanos y españoles.


